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martes, 8 de junio de 2010

Se cierra el cuadernillo

Lo cierro, sí. Con alegría, sin dramatismo, con ganas de tener ganas de empezar otro. Lo dejo aquí colgado de la blogosfera, como una estrella de papel albal colgada de un falso cielo. Ha sido divertido, reconfortante -otras veces dramático y patético, hay que decirlo- este escribir irregular, y por eso mismo antes de dejarlo abandonado como algo que ya no se quiere prefiero cerrar estas pastas verdes y guardarlas junto a tantas otras libretas inacabadas que amontono con descuidado mimo por el escritorio, las estanterías, la mesilla de noche...
Gracias a mis selectos comentadores, a los lectores silenciosos y a los inesperados seguidores, que, como los amigos, se cuentan con los dedos de una mano. Gracias a un cura, que ha sido el último en sumarse a estas deslavazadas historias.

Gracias a todos. No os pierdo de vista.

domingo, 17 de enero de 2010

La titiritera errante

El año nuevo ha traído buenos propósitos y esas cosas, pero se ha llevado a Lhasa de Sela. Lhasa era una chica que descubrí hace tres o cuatro años y que tenía cara de no irse a morir nunca. Había nacido hace 37 años en el estado de Nueva York, hija de mexicano y estadounidense, y desde los 19 años vivía en Montreal. Por eso, componía y cantaba en inglés, en francés y en español con el mismo desgarro unas veces, con la misma nostalgia otras, con la misma exquisitez siempre.

Su historia la recordó hace unos días Carlos Galilea en un obituario en El País, en el que la llamaba ángel errante.

A mí me tenía más bien cara de titiritera, de maravillosa titiritera. Cara de no irse a morir nunca.