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martes, 8 de junio de 2010

Se cierra el cuadernillo

Lo cierro, sí. Con alegría, sin dramatismo, con ganas de tener ganas de empezar otro. Lo dejo aquí colgado de la blogosfera, como una estrella de papel albal colgada de un falso cielo. Ha sido divertido, reconfortante -otras veces dramático y patético, hay que decirlo- este escribir irregular, y por eso mismo antes de dejarlo abandonado como algo que ya no se quiere prefiero cerrar estas pastas verdes y guardarlas junto a tantas otras libretas inacabadas que amontono con descuidado mimo por el escritorio, las estanterías, la mesilla de noche...
Gracias a mis selectos comentadores, a los lectores silenciosos y a los inesperados seguidores, que, como los amigos, se cuentan con los dedos de una mano. Gracias a un cura, que ha sido el último en sumarse a estas deslavazadas historias.

Gracias a todos. No os pierdo de vista.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Un Belén de modistilla


Hay dos cosas, al menos, que envidio de los católicos: una es la confesión, esa amnistía general que se inventaron para liberar la conciencia y el alma del lastre de la culpa y que, como la magia, sólo funciona si uno cree; la otra cosa es la Navidad.
Sin fe y con propensión natural al mal, he tenido que buscar un método para que mis culpas cotidianas no me hundan como pies de cemento, así que no me ha quedado otra que intentar portarme bien desde la mañana para que cuando llegue la noche no tenga demasiado de lo que arrepentirme.

Lo de la Navidad, sin embargo, no lo perdono y, aunque sea sólo un cuento católico, es un cuento ciertamente hermoso al que me gusta volver. Por eso este año he buscado entre mis bolsas de retales y con un pedazo de tela de aquí, otro de allá, unos ovillos de lana, botones y alfileres me he montado un Belén de modistilla que he rematado con una estrella de cinta métrica y un palo de brocheta a modo de bastón. Me ha quedado una María muy flamenca, un José que más que carpintero parece un genio loco y un niño risueño y cabezón. Un nacimiento tan improvisado, al menos, como cuenta el cuento que fue aquel parto de Belén. Quien no recuerde la historia, que la relea. Si no, que la escuche.
Aquí la canta Berrogüetto. Se llama Nadal de Luintra.

martes, 30 de septiembre de 2008

Cielos y estrellas

Llevo años diciendo que en esta ciudad no hay estrellas. Lo digo porque es verdad y también por provocar. Pero ahora resulta que sí, que las hay, y que, además de las que me he encontrado un puñado de veces en el cielo húmedo y espumoso que es la arena del Orzán, hay estrellas ocultas y, al mismo tiempo, encantadas de que alguien las descubra y se atreva a nombrarlas, como a las de arriba. Son estrellas discretas, escasas como la cuarta hoja de un trébol y portadoras de la misma suerte, pero que a veces se animan a despuntar en lo más cotidiano. Es todo cuestión de tiempo, de remolonear, de regalarse una tregua, como se escribía a sí mismo Gómez de la Serna... pero de esas cosas hablaré mañana.

(P.D. Ésta es la constelación de las Estrellas Tomateras y la he descubierto yo)